lunes, 12 de mayo de 2014

El Samurai y el Pescador

Durante la ocupación Satsuma de Okinawa, un Samurai que le había prestado dinero a un pescador, hizo un viaje para cobrarlo a la provincia Itoman, donde vivía el pescador. No siéndole posible pagar, el pobre pescador huyó y trató de esconderse, ya que el Guerrero era famoso por su mal genio. 

El Samurai fue a su hogar y al no encontrarlo ahí, lo buscó por todo el pueblo. A medida que se daba cuenta de que se estaba escondiendo se iba enfureciendo. Finalmente, al atardecer, lo encontró bajo un barranco que lo protegía de la vista. 

En su enojo, desenvainó su espada y le gritó: ¿"Qué tienes para decirme"?.

El pescador replicó, "Antes de que me mate, me gustaría decir algo.  Humildemente le pido esa posibilidad." 

El Samurai dijo, "Ingrato! Te presto dinero cuando lo necesitas y te doy un año para pagarme y me retribuyes de esta manera. Habla antes de que cambie de parecer."

"Lo siento", dijo el pescador. " Lo que quería decir era esto: Acabo de comenzar el aprendizaje del arte de la mano vacía y la primera cosa que he aprendido es el precepto: Si alzas tu mano, restringe tu temperamento; si tu temperamento se alza, restringe tu mano." 

El Samurai quedó anonadado al escuchar esto de los labios de un simple pescador. Envainó su espada y dijo: "Bueno, tienes razón. Pero acuérdate de esto, volveré en un año a partir de hoy, y será mejor que tengas el dinero." Y se fue.

Había anochecido cuando el Samurai llegó a su casa y, como era costumbre, estaba a punto de anunciar su regreso, cuando se vio sorprendido por un haz de luz que provenía de su habitación, a través de la puerta entreabierta. 

Agudizó su vista y pudo ver a su esposa tendida durmiendo y el contorno impreciso de alguien que dormía a su lado. Muy sorprendido y explotando de ira se dio cuenta de que era un samurai

Sacó su espada y sigilosamente se acercó a la puerta de la habitación. Levantó su espada preparándose para atacar a través de la puerta, cuando se acordó de las palabras del pescador: "Si tu mano se alza, restringe tu temperamento; si tu temperamento se alza restringe tu mano."

Volvió a la entrada y dijo en voz alta. "He vuelto". Su esposa se levantó, abriendo la puerta salió junto con la madre del Samurai para saludarlo. La madre vestida con ropas de él. Se había puesto ropas de Samurai para ahuyentar intrusos durante su ausencia.

El año pasó rápidamente y el día del cobro llegó. El Samurai hizo nuevamente el largo viaje. El pescador lo estaba esperando. Apenas vio al Samurai, este salió corriendo y le dijo: "He tenido un buen año. Aquí está lo que le debo y además los intereses. No sé cómo darle las gracias!"

El Samurai puso su mano sobre el hombro del pescador y dijo: "Quédate con tu dinero. No me debes nada. Soy yo el endeudado."

jueves, 3 de abril de 2014

KERRI STRUG, Sufrir o Perder

23 de Julio de 1996. Juegos Olímpicos de Atlanta, en Estados Unidos. Final de gimnasia deportiva por equipos, categoría femenina, en el Georgia Dome. El espléndido equipo local -conocido como "las siete magníficas"- se encuentra a un salto de potro, el último de la competición, para lograr la medalla de Oro ante el siempre potente equipo ruso.

Pero Kerry Strug, la protagonista de ese último salto, se tritura literalmente los ligamentos del tobillo izquierdo en su primer intento. Una lesión apreciable en su cojera al salir de la tarima. Rota por el dolor, dispone de 30 segundos para retirarse o repetir. "¡Puedes hacerlo!", le anima su entrenador, el prestigioso Bela Karolyi, padre adoptivo de la mítica Comanechi. Strug toma carrerilla, salta, vuela y clava una caída, terrorífica para su pie y fabulosa para su país. 9,72 puntos de premio, que suponen el Oro para el equipo de Estados Unidos. Todo, gracias al sacrificio de una heroína de 18 años, que levanta a un recinto de 32.000 espectadores cuando recibe su medalla. Era un todo o nada. Perder o ganar sufriendo.

Cómete la Fresa

Un monje caminaba a través de la selva  y súbitamente, ante él, apareció un feroz tigre que rugía y le cerraba el paso. Corrió todo lo que pudo, pero llegó al borde de un acantilado. Mientras decidía qué iba a hacer, el monje volvió la mirada a la ladera que tenía a su lado.

Sus ojos se fijaron en una pequeña planta que había conseguido arraigar en una grieta. A su espalda, la pendiente se convertía en un abismo inmenso. Desesperado por salvarse, bajó por la planta y quedó colgando sobre el fatal precipicio. 

Mientras estaba allí colgado, dos ratones aparecieron por un agujero del acantilado y empezaron a roer el tallo. De pronto, el monje vio que de la planta colgaba una perfecta fresa salvaje, roja y madura, que resplandecía con el rocío. El monje extendió la mano, arrancó la diminuta fruta, la saboreó con la lengua y cerró los ojos extasiado.

¡Era la más deliciosa que había probado en su vida!




Maestro: Saborea cada momento. Trata de encontrar un toque de felicidad en los acontecimientos cotidianos y trata de prestar atención a las fresas salvajes, sin importar la forma en que se presenten.

miércoles, 2 de abril de 2014

viernes, 17 de enero de 2014

lunes, 13 de enero de 2014

Antorcha Vía 4 - INTI YANKUNT


Seguir tus sueños, y estar comprometidos con ellos cueste lo que cueste. Ser tu palabra, la fuente generadora de todo, el actor indiscutible de tu vida.  Jugar un juego grande, dar todo de ti cada día.  No conformarte con poco sino con lo que mereces, ir siempre por más.  No guiarse por lo que dice la gente sino tu corazón. Realizar lo imposible.

Yo soy un hombre feliz, apasionado, comprometido y líder.

lunes, 6 de enero de 2014