martes, 6 de marzo de 2012

Matrimonio


Cuando llegue a casa esa noche mientras mi esposa servía la cena, la tomé de la mano y le dije: tengo algo que decirte. Solo se sentó a comer en silencio. Yo podía observar el dolor en sus ojos. 
De pronto  ya no sabía como abrir mi boca. Pero tenía que decirle lo que pensaba. Quiero el divorcio......le dije lo más suave que pude. 

Mis palabras parecieron no molestarle. Al contrario, muy tranquilamente me preguntó, ¿por qué? 

Evite su pregunta con mi silencio, esto le hizo enfurecer. Tiró los utensilios y me gritó, ¡no pareces hombre! Esa noche, ya no hablamos más. Ella lloraba en silencio. Yo sabía que quería saber que le había pasado a nuestro matrimonio. Pero yo no hubiera podido darle una respuesta satisfactoria. Mi corazón ahora le pertenecía a Eloísa. Ya no la amaba, solo me daba lástima. 

Con un gran sentido de culpa, redacte un acuerdo de divorcio en el que le daba nuestra casa, nuestro auto y un 30% de las acciones de mi empresa 

Después de leerlo ella lo rompió en pedazos. La mujer que había estado diez años de su vida conmigo ahora era una extraña. Me sentí mal por todo ese tiempo y energía que desperdició conmigo. Todo eso que yo nunca le podría reponer. Pero ahora ya no había marcha atrás, yo amaba a Eloísa.

 
Por fin mi esposa soltó el llanto frente a mí, eso era lo que yo esperaba desde el principio. Verla llorar me tranquilizaba un poco, ya que la idea del divorcio que me preocupaba tanto ahora era más clara que nunca. 

El siguiente día, llegue a casa muy tarde y ella estaba en la mesa escribiendo algo. Yo no había cenado, había pasado un día muy intenso con Eloísa y tenía más sueño que hambre y mejor me retiré a dormir. 

Desperté en la madrugada, ella todavía estaba escribiendo. La verdad no me importó y solo me acomodé de nuevo en cama y seguí durmiendo. 

En la mañana me presentó sus condiciones para aceptar divorciarse: No quería nada de mí, pero necesitaba un mes antes de firmar el divorcio, me pidió que en ese mes tratáramos de vivir una vida lo más normal posible. Sus razones eran simples: nuestro hijo tenía unos exámenes muy importantes en este mes y no lo quería mortificar con la noticia del matrimonio frustrado de sus padres. 

Esto era algo en lo que yo también estaba de acuerdo. Pero había más, me pidió que me acordara como la cargue el día de nuestra boda. 

Quería que cada día de este mes, la cargara de nuestro cuarto hasta la puerta de la casa....... pensé que se estaba volviendo loca. Pero decidí aceptar este raro requisito con tal de que este mes pasara sin más peleas o malos momentos. 

Le platiqué a Eloísa de las condiciones que puso mi esposa......se rió bastante y pensó que era muy absurdo. Dijo en tono burlón: no importa los trucos que se invente, tiene que aceptar la realidad que se van a divorciar. 

Desde que le expresé mis intenciones de divorcio mi esposa y yo no teníamos ningún contacto íntimo. El primer día que la cargue se me hizo un poco difícil. Nuestro hijo nos vio y aplaudió de felicidad al vernos y dijo, papá me da gusto que quieras mucho a mi mamá. Sus palabras me causaron un poco de dolor. Desde nuestra habitación hasta la puerta de enfrente camine como diez metros con ella en mis brazos. Ella cerró sus ojos y me dijo al oído que no le dijera al niño del divorcio. Me sentí muy incomodo, la baje y ella caminó a tomar el autobús para ir a trabajar. Yo manejé solo a mi trabajo. 

El segundo día fue un poco más fácil. Ella se recargo ligeramente en mi pecho. Podía oler la fragancia de su blusa. Me di cuenta que desde hace tiempo no le había puesto mucha atención a esta mujer. Me di cuenta que ya no era tan joven, había un poco de arrugas en su cara, su pelo ya mostraba canas. Ese era el precio de nuestro matrimonio. Por un minuto me pregunté que si yo era el responsable de esto. 

A el cuarto día, cuando la cargue. Sentí que regresaba un poco de intimidad. Esta era la mujer que me había dado diez años de su vida. 

El quinto y sexto día, me di cuenta que el sentimiento crecía otra vez. No le platique nada de esto a Eloísa. Conforme los días pasaban se me hacia mas fácil cargarla. Quizás el ejercicio de hacerlo me estaba haciendo más fuerte. 

Una mañana la vi que estaba buscando un vestido para ponerse, pero no encontraba nada que le quedaba. Solo suspiró y dijo, todos mis vestidos me quedan grandes. Es ahí donde me di cuenta que por eso se me hacía muy fácil cargarla. Estaba perdiendo mucho peso, estaba muy pero muy delgada. 

De repente entendí la razón......estaba sumergida en tanto dolor y amargura en su corazón. Inconscientemente le toque la frente. 

Nuestro hijo entró en ese momento y dijo, Papá es tiempo que cargues a mamá. El ver a su papá cargar a su mamá todos los días se le había hecho costumbre. Mi esposa le dio un fuerte abrazo. Yo mejor miré hacia otro lado por temor a que esta conmovedora imagen me hiciera cambiar de planes. Entonces la cargué, y empecé a caminar hacia la puerta, su mano acarició mi cuello, y yo la apreté fuerte con mis brazos, justo como el día que nos casamos. 
Pero su estado físico me causó tristeza. Ese día, cuando la cargue sentí que no me podía ni mover. Nuestro hijo ya se había ido a la escuela. La abrasé fuerte y le dije, nunca me di cuenta que a nuestra vida le hacía falta algo así. 

Me fui a trabajar.....salte fuera de mi auto sin poner llave a la puerta. Temía que cualquier momento podría cambiar de opinión.....subí las escaleras, Eloísa abrió la puerta y le dije, Lo siento mucho pero ya no me voy a divorciar. 

No podía creer lo que le estaba diciendo, hasta me tocó la frente y me preguntó si tenía fiebre. Quité su mano de mi frente y le dije de nuevo. Lo siento Eloísa, ya no me voy a divorciar. Mi matrimonio era muy aburrido porque ni ella ni yo supimos apreciar los pequeños detalles de nuestras vidas. No porque ya no nos amaramos.   Ahora me doy cuenta que cuando nos casamos y la cargue por primera vez esa responsabilidad es mía hasta que la muerte nos separe. 
  
Eloísa en este momento salió del shock y me dio una fuerte bofetada, y llorando cerró su puerta. Corriendo bajé las escaleras y me fui de ahí. 

Paré en una florería, ordené un bonito ramo para mi esposa. La chica me preguntó que le ponía a la tarjeta. Sonreí y escribí, " siempre te llevaré en mis brazos hasta que la muerte nos separe" 

Esa noche cuando llegué a casa, con las flores en mis manos y una sonrisa en mi cara, subí a nuestro cuarto........solo para encontrar a mi esposa en su cama.....Muerta 

Los pequeños detalles es lo que de verdad importa en una relación. No la mansión, el carro, propiedades o dinero en el banco. Estos crean un falso sentido de felicidad que no lo es todo. Mejor encuentra tiempo para ser el amigo de tu esposo o esposa, y tómense todo el tiempo necesario con esos pequeños detalles que hacen la diferencia. Que tengan un feliz matrimonio

domingo, 26 de febrero de 2012

Cyber Bicampeones

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jueves, 23 de febrero de 2012

El mundo necesita gente que ame lo que hace

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domingo, 12 de febrero de 2012

Reyli Barba - Amor del Bueno

Las Estrellas - Caramelos de Cianuro


Yo se que solo he sido un vagabundo
un sin vergüenza, un perro inmundo
una bala perdida, una hoja caída

entonces cuando pienso en el pasado

en todo lo que me has dado

se esfumo el argumento con el cual me defiendo

Como cartas tus sorpresas en la mesa

son pequeños milagros cotidianos.


Y cuento una a una las estrellas

se que todas ellas

son flores que en el cielo crecen para ti

y así vas ascendiendo a las alturas

yo me quedo a oscuras

pero no siento miedo debe ser así.



Todo lo que a ti te sale al natural

a mi me sale mal es cierto no te miento

si te digo que lo sabes hacer todo bien

hasta el amor también despacio aprendes rápido

escucho tus consejos o todos o ninguno

son pequeños enigmas oportunos.



Y cuento una a una las estrellas

se que todas ellas

son flores que en el cielo crecen para ti

y así vas ascendiendo a las alturas

yo me quedo a oscuras

pero no siento miedo debe ser así.



Cuento una a una las estrellas

se que todas ellas

son flores que en el cielo crecen para ti

y así vas ascendiendo a las alturas

yo me quedo a oscuras

pero no siento miedo debe ser así
debe ser así.

viernes, 10 de febrero de 2012

Saliendo con otra mujer

Mi esposa me recomendó salir con otra mujer. 

Después de varios años de matrimonio descubrí una nueva manera de mantener viva la chispa del amor.  Desde hace poco había comenzado a salir con otra mujer, en realidad había sido idea de mi esposa. 

“Tu sabes que la amas” -me dijo un día, tomándome por sorpresa.  La vida es muy corta, dedícale tiempo. “Pero yo te amo a Ti” – protesté. 

Lo sé. Pero también la amas a Ella. 

La otra mujer a quien mi esposa quería que yo visitara, era mi Madre, viuda desde hace unos años, pero las exigencias de mi trabajo y mis hijos hacían que sólo la visitara ocasionalmente. 

… Esa noche la llamé para invitarla a cenar y al cine. 

“¿Qué te ocurre? 

¿Est
ás bien?” me preguntó. 

Mi madre es el tipo de mujer que una llamada tarde, en la noche o una invitación sorpresiva es indicio de malas noticias. 

“Creí que sería agradable pasar algún tiempo Contigo”, le respondí. ”Los dos solitos”!……. ¿Qu
é opinas? 

Reflexionó sobre ello un momento. “Me gustaría muchísimo”, dijo. 

Ese viernes mientras conducía para recogerla después de mi trabajo me encontraba nervioso, era el nerviosismo que antecede una cita…….. 

Y, Por Dios, cuando llegué a su casa, vi que Ella también estaba muy emocionada! 

Me esperaba en la puerta con su viejo abrigo puesto, se había rizado el pelo y usaba el vestido con el que celebró su último aniversario de bodas, su rostro sonreía, irradiaba luz como un ángel. 

“Les dije a mis amigas que iba a salir con mi hijo y se mostraron muy emocionadas”- me comentó mientras subía a mi auto- 

“No podrán esperar a mañana para escuchar acerca de nuestra velada”. Fuimos a un restaurante no muy elegante, pero si muy acogedor, mi Madre se aferró a mi brazo como si fuera  “La Primera Dama de la Nación”. 

Cuando nos sentamos tuve que leerle el menú.  Sus ojos sólo veían grandes figuras. 

Cuando iba por la mitad de las entradas, levanté la vista; mi Mamá está sentada al otro lado de la mesa y sólo me miraba. Una sonrisa nostálgica se le delineaba en los labios. 

“Era Yo quien te leía el menú cuando eras pequeño ¿Recuerdas?“ 

“Entonces es hora de que te relajes y me permitas devolver el favor” -respondí. 

Durante la cena tuvimos una agradable conversación, nada extraordinario, sólo ponernos al día uno con la vida del otro. 

Hablamos tanto que nos perdimos el cine ”Saldré Contigo otra vez, pero sólo si me dejas invitar, ” dijo mi madre cuando la llevé a su casa, asentí, la besé, la abracé. 

¿”Cómo estuvo la cita?” – quiso saber mi esposa cuando llegué aquella noche. 

“Muy agradable, gracias. Mucho más de lo que imagine”, le contesté. 

Días mas tarde mi Madre murió de un infarto masivo, todo fue tan rápido, no pude hacer nada. 

Al poco tiempo recibí un sobre del restaurante donde habíamos cenado mi Madre y Yo, y una nota que decía: 

“La cena está pagada por anticipado, estaba casi segura que no podría estar allí, pero igual pagué para dos, para Ti y tu Esposa, jamás podrás entender lo que aquella noche significó para Mi. ¡Te amo”!…… Tu Mam
á.

En ese momento comprendí la importancia de decir a tiempo “TE AMO” y de darles a nuestros seres queridos el espacio que se merecen; nada en la vida será más importante que Dios y tu Familia, dales tiempo porque ellos no pueden esperar.

jueves, 9 de febrero de 2012

Papas en la Mochila


Ese día, el maestro nos había pedido que lleváramos papas crudas y una bolsa de plástico.  
Escogimos una papa por cada persona a la que guardábamos resentimiento, escribimos su nombre en ella y la pusimos dentro de la bolsa.

Nos pidió que durante una semana lleváramos con nosotros a todos lados esa bolsa de papas en la mochila.  ¡Algunas bolsas eran realmente pesadas! 

Naturalmente la condición de las papas se iba deteriorando con el tiempo.  El fastidio de acarrear esa bolsa en todo momento me mostró claramente el peso que cargaba a diario.

También aprendí como, mientras ponía mi atención en ella para no olvidarla, desatendía cosas que eran más importantes para mi.

Este ejercicio me hizo pensar sobre el precio que pagaba por no perdonar algo que ya había pasado y no podía cambiarse.

Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro sin darnos cuenta que los primeros beneficiados somos nosotros mismos.

Todos tenemos papas pudriéndose en nuestra “mochila” sentimental.  La falta de perdón es como un veneno que tomamos a diario a gotas pero que finalmente nos termina envenenando.

Muchas veces al primero que tienes que perdonar es a ti mismo por todas las cosas que no fueron como hubieras querido.  

El perdón nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo.

No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes.

Perdonar no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó.  Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que nos causaron dolor o enojo.

El perdón se basa en la aceptación de lo que pasó.

EL PERDON ES UNA DECISION, NO UN SENTIMIENTO.